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Noticias CNN

La carrera presidencial de 2020 promete más volatilidad en las siguientes semanas de cara a las elecciones en EE.UU.

(CNN) — En una presidencia de trastornos y agitación sin precedentes, el apoyo de Donald Trump se ha mantenido notablemente estable. Esa estabilidad, paradójicamente, apunta hacia años de creciente turbulencia en la política y en la vida estadounidenses. Y se espera que haya más volatilidad las próximas semanas.

Los índices de aprobación y apoyo de Trump en la carrera presidencial contra Joe Biden han oscilado en un rango sorprendentemente estrecho de entre el 40% y 45%. Esto parece en gran medida inmune tanto a las buenas noticias —el largo auge económico durante los primeros años de su presidencia— como a las malas — el juicio político, la peor pandemia en más de un siglo, revelaciones de que ha menospreciado el servicio militar y advertencias tajantes de que no es apto para el puesto por parte de exaltos funcionarios de su propio gobierno.
Quizás las revelaciones más recientes, incluidas en el libro de Bob Woodward, de que Trump sabía que el coronavirus era mucho más peligroso que la gripe común, incluso cuando les dijo a los estadounidenses exactamente lo contrario, romperán este patrón, pero la mayoría de los estrategas políticos de ambos partidos se muestran escépticos al respecto.

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La estrategia de Trump para las elecciones: avivar los incendios

La durabilidad tanto del apoyo como de la oposición a Trump muestra cómo la motivación de los votantes para las elecciones está cambiando de medidas transitorias de desempeño —como las métricas tradicionales de paz y prosperidad— hacia actitudes fundamentales sobre el cambio demográfico, cultural y económico. La inmovilidad de las líneas de batalla en 2020 captura cuán unificados están los partidos en sus posiciones.

También muestra cómo están separados por sus actitudes contrastantes hacia estos cambios fundamentales. Y Trump ha movilizado el apoyo abrumador de los votantes que son hostiles a ellos, sin importar qué más sucede, y la coalición contrastante de estadounidenses que dan la bienvenida a esta evolución que se dirigen en masa hacia los demócratas.

«Eso es sin duda lo que le da pista a Trump: al avivar esos incendios de guerra cultural, va a ganarse una cierta parte del electorado que tiene estas opiniones más racistas, sexistas y xenófobas», dice Brian Schaffner, politólogo de la Universidad de Tufts. Schaffner ha estudiado extensamente la correlación entre preferencias políticas y actitudes culturales. «Pero también le impide ganarse a estas otras personas que de otra manera serían conservadoras o estarían abiertas a votar por los republicanos, pero simplemente no pueden soportar esas cosas de la guerra cultural en las que está tan concentrado».

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Volatilidad en las siguientes semanas

A corto plazo, esta alineación ha producido una dinámica de campaña en la que Trump sigue constantemente a Biden, pero no tan severamente. Tanto que a pesar de todas las controversias que podrían haber hundido a un presidente anterior, no puede lograr otra victoria estrecha en el Colegio Electoral.

A largo plazo, la durabilidad de las actitudes hacia Trump pone de relieve la probabilidad de una brecha cada vez mayor entre dos Estados Unidos. Son dos naciones que divergen fundamentalmente tanto en su exposición como en sus actitudes sobre dinámicas tan fundamentales como en la creciente diversidad racial y religiosa de EE.UU., las crecientes demandas de una mayor igualdad racial, el cambio de roles de género y la transición de una economía industrial a una era de la información.

«Cuando tu identidad y visión de la identidad [de la nación] se superpone tanto con tu identidad partidista, es difícil pensar en cambiar de bando», dice Schaffner.

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Poco cambio en un año

Biden, por cualquier medida, conserva la ventaja en la carrera presidencial. Mantiene una ventaja constante en las encuestas nacionales y, por lo general, lidera en cinco de los estados decisivos que ambos lados consideran los más competitivos (Michigan, Pensilvania, Wisconsin, Arizona y Florida). Ambos suelen estar empatados en el sexto estado (Carolina del Norte).

Todos esos fueron estados que Trump ganó en 2016. Por el contrario, el presidente no lidera en ningún estado en que Hillary Clinton ganó la última vez. Y las encuestas ponen a Biden dentro del rango, en diversos grados, en otros cuatro estados en los que Trump ganó: Iowa y Georgia, especialmente, pero también Ohio e incluso Texas.

Pero incluso los demócratas reconocen que la ventaja de Biden no es lo suficientemente grande como para garantizarle la victoria en el Colegio Electoral. Debido a que todos los estados clave se inclinan un poco más hacia los republicanos que el país en general, incluso una leve mejora para Trump podría ponerlo en posición de ganar 270 votos en el colegio electoral.

Es más, la ventaja nacional de Biden sobre Trump no es significativamente diferente de lo que era hace un año. Esto a pesar del intenso evento intermedio de una pandemia que pronto se cobrará 200.000 vidas estadounidenses. Para tomar una medida, el promedio de Real Clear Politics de las encuestas nacionales en octubre pasado mostró a Biden en 50,1% y a Trump en 43,4%. El resultado el fin de semana pasado fue del 50,5% para Biden y 43% para Trump, prácticamente sin cambios.

«Las cosas están muy cerradas porque la razón por la que votas por Trump no es por la economía o la respuesta al coronavirus que está dando, sino por la imagen de proteger a los blancos en Estados Unidos», dijo Manuel Pastor, sociólogo y director del Equity Research Institute de la Universidad del Sur de California.

«Al principio era como si hiciera sonar silbatos de perro, luego como si usara megáfonos, ahora es como si hiciera estallar fuegos artificiales. Y para algunas personas es fascinante».

En esta fotografía de archivo del 26 de febrero de 1980, el candidato presidencial republicano Ronald Reagan y su esposa Nancy hacen una campaña de último minuto en Manchester para las primarias presidenciales de Nueva Hampshire.

Mike Murphy, un veterano estratega republicano que ahora se opone a Trump, dice que hace 10 años habría predicho que una catástrofe económica y de salud pública de la magnitud del coronavirus habría producido una «destrucción a nivel de 1980» para Trump y su partido.

En ese año, la insatisfacción con el desempeño del presidente Jimmy Carter impulsó no solo una victoria aplastante para el candidato republicano Ronald Reagan, sino también una barrida de 12 escaños en el Senado ocupados por los demócratas.

Eso llevó al Partido Republicano a controlar la Cámara de Representantes. Pero un giro tan decisivo ya no parece posible, dice Murphy. «Debido a que la política refleja [las actitudes sobre] la cultura, estamos un poco estancados», dice.

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Las posibilidades de Trump en las elecciones

Alan Abramowitz, un politólogo de la Universidad de Emory que ha estudiado extensamente el papel de las condiciones económicas y otros fundamentos en los resultados presidenciales, está de acuerdo.

Dada la magnitud del impacto de la pandemia, «probablemente hubiera esperado que lo perjudicara más de lo que lo ha hecho y las cifras [de aprobación y participación de votos] de Trump se habrían reducido hacia mediados de los 30 puntos», dijo. «Uno pensaría que Biden estaría arriba por 15 o 20 puntos, no por 6, 7 u 8 puntos. Mientras se mantenga en ese rango, todavía existe esa posibilidad externa … [Trump] puede lograr victorias estrechas en Florida, Michigan, Pensilvania o Wisconsin y aún podría ganar la votación electoral. No creo que sea muy probable, pero no es inconcebible».

Incluso antes de que la carrera presidencial comenzara en serio, el índice de aprobación de Trump había oscilado dentro de una banda más estrecha que la de los presidentes anteriores, según una encuesta de Gallup que se remonta a Harry Truman. Así como el respaldo de Trump no se ha derrumbado durante la pandemia, el apoyo de Truman no se disparó durante los tiempos de auge económico de los primeros años de su presidencia. Es el único presidente en la historia de Gallup que nunca obtuvo la aprobación del 50% de los estadounidenses en ningún momento durante su mandato.

Esto continúa una tendencia a largo plazo de volatilidad decreciente en las calificaciones públicas de los presidentes. Barack Obama tampoco recibió un impulso tan grande de una economía en ascenso como sus predecesores. «Si observas la relación entre las condiciones económicas y la aprobación presidencial a lo largo del tiempo, esa correlación se debilita considerablemente durante las últimas dos décadas», dice Schaffner.

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| El 10 de enero de 2017, el presidente Barack Obama dio su último discurso como mandatario de Estados Unidos. Obama, el primer presidente negro de ese país, pasó a la historia como el presidente número 44; la era Trump empezó el próximo 20 de enero de 2017. Conoce a los 45 presidentes de Estados Unidos en esta galería. (Crédito: White House Library)

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| 45. Donald Trump (2017-) — El presidente número 45 de Estados Unidos llegó a la Casa Blanca tras una improbable victoria impulsada una profunda división en la política y sociedad estadounidense. Durante su campaña, Trump descartó abiertamente cualquier pretensión de respeto por algunos ideales pluralistas básicos. Dijo que los mexicanos eran “violadores” y los musulmanes no estaban haciendo lo suficiente para vigilar a los presuntos terroristas en sus comunidades. Atacó mujeres en términos sexistas y aún así fue elegido con 270 votos electorales a pesar de que su contrincante, Hillary Clinton, ganó el voto por una amplia ventaja el popular. Trump asumirá la presidencia el 20 de enero de 2017. (Crédito:Spencer Platt/Getty Images)

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| 44. Barack Obama (2009-2017) — El presidente número 44 de Estados Unidos fue también el primer presidente negro de ese país. Obama llegó a la Casa Blanca con una estrategia idealista, simbolista, llena de compromiso y de promesas. Llegó a gobernar en medio de una crisis económica compleja que solo se comparaba a esa de la Gran Depresión de los años 30. Durante su presidencia deportó unos 2,5 millones de hispanos, más que cualquier otro presidente en la historia del país, pero hacia el final de su mandato tenía una popularidad cercana al 55%. Obama fue galardonado con el premio Nobel de Paz en 2009 y ganó dos veces el premio Grammy a Mejor Álbum hablado. (Crédito: Scott Olson/Getty Images)

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| 43. George W. Bush (2001-2009) — El mandatario número 43 de Estados Unidos fue el presidente “de los tiempos de guerra”, según la página web de la Casa Blanca, pues tuvo que enfrentar las consecuencias de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Uno de sus actos más controversiales fue la invasión a Iraq en 2003 con la excusa de que el presidente Saddam Hussein representaba una “grave amenaza” para Estados Unidos. Hussein fue capturado, pero la invasión a Irak y la muerte de soldados estadounidenses e iraquíes por parte de la insurgencia se convirtió en uno de los mayores retos durante su segundo mandato, según la Casa Blanca. (Crédito: Getty Images)

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| 42. Wiliam J. Clinton (1993-2001) — Fue el presidente número 42 de Estados Unidos. Durante su administración, “Estados Unidos disfrutó de más paz y bienestar económico que cualquier momento de su historia”, dice la Casa Blanca en su página web. En 1998, como resultado de “indiscreciones personales” con una colaboradora de la Casa Blanca (Mónica Lewinsky), Clinton se convirtió en el segundo presidente del país en enfrentar un juicio político (después de Andrew Johnson en 1868) en el Congreso, pero el Senado lo declaró no culpable del delito de perjurio en 1999. Clinton se disculpó con la nación por sus acciones y alcanzó niveles de popularidad sin precedentes al final de su mandato. (Crédito: Mark Lyons/Liaison)

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| 41. George H. W. Bush (1989-1993) — El presidente número 41 de Estados Unidos tuvo que enfrentar un cambio de era dramático: la Guerra Fría terminó luego de 40 años, el imperio del comunismo cesó y el Muro de Berlín cayó. La Unión Soviética dejó de existir y el reformista presidente ruso Mikhail Gorbachev, a quien Bush apoyó, renunció. En 1992 perdió la reelección con el demócrata Bill Clinton. (Crédito: Getty Images)

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| 40. Ronald Reagan (1981-1989) — El presidente número 40 inicialmente fue un actor y se volvió político antes de llegar a la Oficina Oval en 1981. Desde 1937 y durante las próximas dos décadas Reagan apareció en 53 películas, según información de la Casa Blanca. En 1966 fue elegido como gobernador de California y reelegido en 1970. En 1980 llegó a la Casa Blanca con 489 votos electorales vs. 49 del presidente Jimmy Carter. A través de la ‘Doctrina Reagan’ apoyó las insurgencias anticomunistas en América Central, Asia y África, dice la Casa Blanca. (Crédito: Central Press/Hulton Archive/Getty Images)

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| 39. Jimmy Carter (1977-1981) — Carter fue elegido como el presidente número 39 de Estados Unidos frente a Gerald R. Ford en 1976. Durante su mandato trabajó fuertemente para combatir los continuos problemas económicos de la inflación y el desempleo, relata la Casa Blanca en su página web. A pesar de haber aumentado los empleos en casi ocho millones y disminuir el déficit presupuestario, al final de su gobierno hubo una corta recesión, según su biografía en la página web de la presidencia. Carter recibió el premio Nobel de Paz en 2002 por su trabajo para encontrar soluciones pacíficas a los conflictos internacionales, por promover la democracia y los derechos humanos, y por promover el desarrollo social y económico. (Crédito: Hulton Archive/Getty Images)

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| 38. Gerald R. Ford (1974-1977) — Llegó a ser el presidente número 38 de Estados Unidos tras la renuncia de Richard Nixon por el escándalo del ‘Watergate’. Ford servía como vicepresidente del país antes de su llegada a la Casa Blanca. Tuvo que enfrentarse a “tareas insuperables”, según su biografía en la página de la presidencia: “Tenía el desafío de dominar la inflación, revivir la economía deprimida, resolver la escasez crónica de energía y tratar de asegurar la paz mundial”. (Crédito: Bachrach/Getty Images)

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| 37. Richard Nixon (1969-1974) — El presidente número 37 de Estados Unidos había servido anteriormente como representante a la Cámara y Senador por el estado de California. Después de finalizar exitosamente la participación de las tropas estadounidenses en Vietnam y de reducir las relaciones con China y Rusia, Nixon se convirtió en el primer (y único) presidente en renunciar a su cargo por el escándalo del ‘Watergate’. (Crédito: Getty Images)

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| 36. Lyndon B. Johnson (1963-1969) — El entonces vicepresidente tomó posesión como el presidente número 36 de Estados Unidos el día del asesinato de John F. Kennedy en el mismo avión que trasladaba el cuerpo sin vida del mandatario hasta Washington. Su programa de gobierno conocido como ‘La Gran Sociedad’ incluía ayudas para la educación, la creación del Medicare, renovación urbana, el embellecimiento, conservación y desarrollo de las regiones deprimidas, así como una lucha a gran escala de la pobreza, el control y prevención de la delincuencia, y “la remoción de obstáculos para garantizar el derecho al voto”, según su biografía publicada por la Casa Blanca. (Crédito: Keystone/Getty Images)

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| 35. John F. Kennedy (1961-1963) — El presidente número 35 de Estados Unidos recién pasaba los primeros mil días de su mandato cuando fue asesinado por Lee Harvey Oswald, mientras la caravana presidencial pasaba por Plaza Dealey en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963. A sus 43 años, Kennedy se convirtió en el presidente más joven de su país, después de Theodore Roosevelt, y fue el presidente más joven en morir. (Crédito: National Archive/Newsmakers)

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| 34. Dwight D. Eisenhower (1953-1961) — El presidente número 34 de Estados Unidos tenía gran prestigio por haber sido comandante general de las fuerzas estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, según la página de la Casa Blanca. Durante su mandato logró poner fin a la guerra de Corea y durante sus dos periodos trabajó para aliviar las tensiones de la Guerra Fría. (Crédito: Underwood Archives/Getty Images)

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| 33. Harry S. Truman (1945-1953) — El presidente número 33 de Estados Unidos asumió el poder luego de la repentina muerte de Franklin Delano Roosevelt en 1945. Según información la Casa Blanca, Truman “no recibió ninguna información sobre el desarrollo de la bomba atómica ni las dificultades que enfrentaba el gobierno con la Unión Soviética”. Cuando asumió la presidencia, les dijo a los reporteros: “Siento como si la luna, las estrellas y todos los planetas hubieran caído encima mío”. Fue el presidente que dio la orden de lanzar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945. (Crédito: Katherine Young/Getty Images)

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| 32. Franklin D. Roosevelt (1933-1945) — El presidente número 32 de Estados Unidos asumió la presidencia en una de las épocas más convulsas de la historia del país, pues enfrentó varios eventos históricos como la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial y el ataque de Japón a Pearl Harbor, entre otros. Ha sido el único presidente en ser elegido para cuatro mandatos consecutivos (1932, 1936, 1940 y 1944). Sufría de parálisis parcial en su cuerpo debido a una poliomielitis que lo atacó cuando tenía 39 años. En 1945 falleció debido a una hemorragia cerebral. (Crédito: Getty Images)

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| 31. Herbert Hoover (1929-1933) — Fue el presidente número 31 de Estados Unidos. En 1928, durante su campaña presidencial, aseguró que su país estaba cerca de vencer la pobreza como ninguna otra nación del mundo. Sin embargo, en cuestión de meses, el mercado de valores colapsó, y la nación cayó en espiral hacia la Gran Depresión, según relata la Casa Blanca en su página web. (Crédito: Central Press/Getty Images)

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| 30. Calvin Coolidge (1923-1929) — El presidente número 30 de Estados Unidos se volvió el primer mandatario en hacer un discurso al pueblo estadounidense a través de la radio en 1924, según la Casa Blanca. Coolidge fue un defensor de los “viejos preceptos morales y económicos” y lideró el país en medio de la riqueza de la década de 1920, antes de la Gran Depresión. Antes de su muerte en 1933, Coolidge le dijo a un antiguo amigo “…Siento que ya no encajo en estos tiempos”, según su biografía en la página web de la presidencia de Estados Unidos. (Crédito: Mansell/The LIFE Picture Collection/Getty Images)

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| 29. Warren G. Harding (1921-1923) — Fue el mandatario número 29 de Estados Unidos. Hacia el final de su presidencia un escándalo de corrupción alcanzó al presidente Harding, pues, según relata la Casa Blanca en su página web, algunos de sus amigos usaban sus cargos oficiales para su propio enriquecimiento. Harding murió en 1923 por a un ataque cardiaco. (Crédito: Hulton Archive/Getty Images)

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| 28. Woodrow Wilson (1913-1921) — Fue el presidente número 28 de Estados Unidos. Después de la política de neutralidad de ese país en el estallido de la Primera Guerra Mundial, “Wilson llevó a Estados Unidos a la guerra para ‘hacer el mundo seguro para la democracia’”, según relata la Casa Blanca en su página web. (Crédito: Hulton Archive/Getty Images)

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| 26. Theodore Roosevelt (1901-1909) — Fue el presidente número 26 de Estados Unidos y el primer mandatario estadounidense del siglo XX. Fue el mandatario más joven en ser elegido hasta ese momento: asumió el poder antes de cumplir los 43 años. “Roosevelt trajo una nueva emoción y poder a la Oficina Oval, liderando vigorosamente al Congreso y llevando al público estadounidense hacia reformas progresistas y una política exterior fuerte”, dice la Casa Blanca en su página web.

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| 25. William McKinley (1897-1901) — El presidente número 25 de Estados Unidos hace parte de la lista de los presidentes de ese país en ser asesinados. Su periodo presidencial finalizó el 14 de septiembre de 1901 cuando recibió dos disparos de un “anarquista loco” en la Exposición Panamericana de Buffalo, Nueva York, según dice la Casa Blanca en su página web. (Crédito: Universal History Archive/UIG via Getty Images)

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| 24 y 22. Grover Cleveland (1885-1889; 1893-1897) — Cleveland fue el presidente número 22 y número 24 de Estados Unidos. Es el primer mandatario estadounidense en completar su primer su mandato (1885-1889) y volver a la Casa Blanca cuatro años después para un segundo periodo, entre 1893 y 1897. (Crédito: Library of Congress/Corbis/VCG via Getty Images)

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| 23. Benjamin Harrison (1889-1893) — El nieto del expresidente William Henry Harrison (1841) fue el presidente número 23 de Estados Unidos. En su gobierno Harrison firmó importantes leyes de apropiación para mejoras internas, expansión naval y subsidios para líneas de vapores, según la página web de la Casa Blanca. “Por primera vez, excepto en la guerra, el Congreso se apropió de mil millones de dólares” para mejoras del país, añade. El presidente firmó la ley Sherman, la primera medida del Gobierno federal para proveer la economía y limitar los monopolios. (Crédito: Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis via Getty Images)

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| 21. Chester A. Arthur (1881-1885) — Fue el presidente número 21 de Estados Unidos al convertirse en el sucesor del presidente James Garfield tras su asesinato en 1881. Arthur promulgó la primera ley federal de inmigración en 1882 con la que excluyó a “pobres, criminales y lunáticos”, según dice la Casa Blanca en su página web. (Crédito: Getty Images)

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| 20. James Garfield (1881) — Fue el vigésimo presidente de Estados Unidos. Su mandato sólo duró 200 días, pues en julio de ese año un abogado que quería ocupar un cargo diplomático en su administración le disparó cuando estaba en la estación de tren de Washington. Murió meses después, en septiembre 19 de 1881. Su presidencia es la segunda más corta en la historia de Estados Unidos después de la de William Henry Harrison (que duró 32 días). Fue el segundo presidente en la historia de Estados Unidos en ser asesinado después de Abraham Lincoln. (Crédito: APIC/Getty Images)

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| 19 — Rutherford B. Hayes (1877-1881) — Fue el presidente número 19 de Estados Unidos. En su mandato Hayes trató de conciliar las divisiones que quedaban de la Guerra Civil (1861-1865) y durante su gobierno “empezaron los esfuerzos que dieron como resultado la reforma del servicio civil”, según la Casa Blanca. Durante su presidencia y “para el deleite de la Unión Cristiana de Mujeres por la Templanza”, la esposa del presidente, Lucy Webb Hayes, llevó a cabo las órdenes de su marido de “prohibir vinos y licores de la Casa Blanca”, según la página web de la presidencia. (Crédito: Library Of Congress/Getty Images)

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| 18. Ulysses S. Grant (1869-1877) — Grant fue el presidente número 18 de Estados Unidos. Durante su gobierno, trabajó para eliminar los vestigios de la esclavitud, según dice la Casa Blanca en su página web. Después de retirarse de la presidencia, Grant se volvió socio de una compañía financiera que quedó en bancarrota. Poco después se enteró que sufría de cáncer de garganta por lo que empezó a escribir sus memorias para pagar sus deudas y dejarle dinero a su familia. “Justo después de terminar la última página de sus memorias en 1885, murió”, relata la Casa Blanca. (Crédito: PhotoQuest/Getty Images)

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| 17. Andrew Johnson (1865-1869) — Asumió el poder como el presidente número 17 de Estados Unidos después del asesinato del presidente Abraham Lincoln en 1865. Johnson era el vicepresidente de Lincoln en ese entonces. Después de la Guerra de Secesión, Johnson se encargó de reconstruir la antigua confederación de Estados que había sido afectada por la guerra pero la mayoría republicana del Congreso se opuso a esta iniciativa y fue sometido a juicio político. (Crédito: The Print Collector/Print Collector/Getty Images)

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| 16. Abraham Lincoln (1861-1865) — Fue el presidente número 16 de Estados Unidos y el primero en ser asesinado en la historia de Estados Unidos. Lideró el país durante la Guerra de Secesión que se desarrolló durante su gobierno. A través de la Proclamación de Emancipación en 1863, les dio la libertad a todos los esclavos de la Confederación. El 14 de abril de 1865 fue asesinado en el Teatro Ford de Washington por el actor John Wilkes Booth, que creyó que el presidente ayudaba a los Estados del sur, que durante la guerra se enfrentaron a los Estados de la Unión o del norte. (Crédito: Alexander Gardner/Getty Images)

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| 15. James Buchanan (1857-1861) — Fue el presidente número 15 de Estados Unidos y el último mandatario antes de que se desatara la Guerra de Secesión. Es el único presidente de la historia originario del estado de Pensilvania y el único en permanecer soltero toda su vida. (Crédito: Getty Images)

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| 14. Franklin Pierce (1853-1857) — Fue el presidente número 14 de Estados Unidos y el primer mandatario estadounidense en nacer en el siglo XIX. Dos meses antes de tomar posesión su hijo de 11 años murió en un accidente de tren. Por este motivo, “Pierce entró a la presidencia nerviosamente exhausto”, relató la Casa Blanca en su página web. (Crédito: Stock Montage/Stock Montage/Getty Images)

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| 13. Millard Fillmore (1850-1853) — Fue el presidente número 13 de Estados Unidos y el último mandatario en no pertenecer a ninguno de los dos partidos tradicionales —Republicano y Demócrata— de Estados Unidos, según la Casa Blanca. (Crédito: National Archive/Newsmakers)

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| 12. Zachary Taylor (1849-1850) — Fue el presidente número 12 de Estados Unidos durante 16 meses hasta su muerte en 1850. Según la Casa Blanca, Taylor fue un héroe nacional del Ejército durante la guerra entre México y Estados Unidos en 1812. Estuvo 40 años en el ejército, algo que lo hizo “un fuerte nacionalista”, según la web de la presidencia. (Crédito: National Archive/Newsmakers)

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| 11. James K. Polk (1845-1849) — Polk se posesionó como el presidente número 11 de Estados Unidos en 1845. Fue el último presidente fuerte de la era antes de que estallara la Guerra Civil en 1861, según la Casa Blanca. En 1845, Polk ofreció 20.000.000 de dólares a México para recuperar Nuevo México y California, pero los mexicanos no estuvieron dispuestos a ceder esas tierras. Por esa razón Estados Unidos le declaró la guerra a México y ocupó Ciudad de México. Finalmente, en 1848, México cedió los dos estados en disputa a cambio de 15.000.000 dólares, según relata la presidencia. (Crédito: Stock Montage/Stock Montage/Getty Images)

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| 10. John Tyler (1841-1845) — Se convirtió en el décimo presidente de Estados Unidos luego de la muerte del presidente William Henry Harrison en 1841. Fue el primer vicepresidente en la historia en asumir la presidencia tras la muerte de un mandatario en turno. (Crédito: Bob Thomas/Popperfoto/Getty Images)

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| 9. William Henry Harrison (1841) — Fue el noveno presidente de Estados Unidos. Según la Casa Blanca, Harrison fue el presidente más viejo en tomar posesión en el cargo en esa época (tenía 68 años) y fue el primero en morir en el cargo. Su presidencia duró solo 32 días, siendo la presidencia más corta de la historia de Estados Unidos. Murió debido a una gripa que se volvió neumonía y murió el 4 de abril de 1841. (Crédito: Hulton Archive/Getty Images)

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| 8. Martin Van Buren (1837-1841) — Van Buren fue vicepresidente durante el gobierno del presidente Andrew Jackson (1829-1837) y se convirtió en el octavo presidente de Estados Unidos. El “Pequeño mago”, como también era conocido, se desempeñó también como secretario de Estado durante la presidencia de Jackson. Antes de llegar al poder, el país pasaba un momento de prosperidad económica, pero tres meses después de iniciar su mandato “el pánico financiero de 1837 perforó la prosperidad”, dice la Casa Blanca. (Crédito: Hulton Archive/Getty Images)

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| 7. Andrew Jackson (1829-1837) — Fue el séptimo presidente de Estados Unidos. Durante su mandato “buscó actuar como el representante directo de las personas comunes”, dice su biografía oficial de la Casa Blanca. En su primer mensaje anual al Congreso, Jackson recomendó la eliminación del Colegio Electoral. (Crédito: Kean Collection/Getty Images)

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| 6. John Quincy Adams (1825-1829) — El sexto presidente de Estados Unidos fue miembro de varios partidos políticos y sirvió como diplomático, senador y miembro de la Cámara de Representantes de su país antes de llegar al cargo más alto de su país en 1825, según la Casa Blanca. (Crédito: GraphicaArtis/Getty Images)

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| 5. James Monroe (1817-1825) — El quinto presidente de Estados Unidos fue el último de los padres fundadores de la patria, según dice la Casa Blanca en su página web. Monroe fue el creador de la que actualmente se conoce como la ‘Doctrina Monroe’, cuando en su mensaje al Congreso en 1823 advirtió a los poderes europeos no entrometerse en los asuntos del Hemisferio Occidental. (Crédito: MPI/Getty Images)

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| 4. James Madison (1809-1817) — El cuarto presidente de Estados Unidos, otro de los padres fundadores de la patria y padre de la Constitución, “hizo una gran contribución a la ratificación de la Constitución al escribir los Papeles Federalistas”, una colección de 85 ensayos en defensa de la Carta Magna, según dice la Casa Blanca en su página web.(Crédito: GraphicaArtis/Getty Images)

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| 3. Thomas Jefferson (1801–1809) — Fue el cuarto presidente de Estados Unidos y el principal autor de la Declaración de la Independencia de ese país en 1776 y uno de los padres de la patria, según su biografía en la página web de la Casa Blanca que agrega que, Jefferson tuvo “crecientes preocupaciones” en mantener alejado a su país de las guerras napoleónicas, a pesar de que las guerras de Inglaterra y Francia intervinieron con los derechos neutrales de los mercaderes estadounidenses. Murió el 4 de julio de 1826. (Crédito: GraphicaArtis/Getty Images)

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| 2. John Adams (1797-1801 — Fue el segundo presidente de Estados Unidos después de ser el primer vicepresidente del país bajo el gobierno de George Washington. Adams fue el primer presidente en vivir en la Casa Blanca, al mudarse allí el 1 de noviembre de 1800, mientras esta aún estaba en construcción. (Crédito: Stock Montage/Stock Montage/Getty Images)

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| 1. George Washington (1789-1797) — Fue el primer presidente de Estados Unidos. También fue el comandante en jefe del Ejército Continental y tiene la distinción de ser el único presidente en ser elegido por unanimidad por el Colegio Electora. Washington murió el 14 de diciembre de 1799 a causa de una infección de garganta. (Crédito: Smith Collection/Gado/Getty Images).

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¿Qué creó la nueva estabilidad?

Tanto los estrategas de campaña como los científicos políticos señalan varios factores que han hecho que las actitudes hacia los presidentes sean más intratables. Uno de los principales es lo que el autor Bill Bishop ha llamado «The Big Sort»: la creciente tendencia de los votantes demócratas y republicanos a vivir entre personas que comparten sus puntos de vista y consumir medios que refuerzan sus creencias. Ambos factores significan que es menos probable que los partidarios estén expuestos a información negativa sobre un presidente de su partido, ya sea en sus interacciones diarias o en lo que leen y ven. Las persianas pueden estar especialmente cerradas para los conservadores, y Fox News a menudo se registra en las encuestas como la única fuente de noticias en la que la mayoría de los republicanos dicen confiar.

«La fragmentación de la sociedad y la fragmentación de los medios, vivir en mundos diferentes … tienen mucho que ver con eso», dice el encuestador demócrata Nick Gourevitch.

También contribuye la disminución en el número de verdaderos votantes indecisos, que podrían acercarse o alejarse rápidamente de un presidente según las condiciones actuales. Con más votantes firmemente encerrados en cada partido, «tal vez haya un 10 o un 12% de los que son independientes sin ataduras», señala Abramowitz. «Y esas personas no prestan mucha atención a lo que está sucediendo, por lo que tampoco se sienten conmovidos por los eventos».

Pero el factor más poderoso en la nueva estabilidad puede ser el cambio en la base de la lealtad de los votantes a los partidos. Cada vez más, coinciden los estrategas de campaña y los politólogos, los votantes eligen entre los partidos más por sus puntos de vista sobre el cambio demográfico y cultural fundamental que por sus circunstancias financieras inmediatas o incluso por sus puntos de vista sobre las políticas económicas, como los impuestos, el gasto y la regulación.

Las lealtades partidistas basadas en estas medidas fundamentales de identidad personal y nacional, así como si la nación debe hacer más para garantizar la igualdad de oportunidades para las personas de color y las mujeres, parecen muy resistentes a la reconsideración basada en eventos inmediatos.

En una investigación importante, Schaffner y sus colegas encontraron que la negación de que existe racismo o sexismo en Estados Unidos fue el mejor predictor en la elección de 2016 de apoyo a Trump, mucho más que cualquier medida de angustia económica. Por otro lado, Schaffner descubrió que la creencia de que el racismo y el sexismo son problemas serios predijo el apoyo a Clinton más que lo economómico.

«Ahora los partidos están muy claramente ordenados en cuestiones de política de identidad», dice Schaffner. «Si tienes opiniones bastante racistas o sexistas, es muy probable que seas republicano. Y si tienes opiniones opuestas, es muy probable que congenies con el Partido Demócrata».

ANÁLISIS | Trump se ha aislado a sí mismo de la conversación de Estados Unidos sobre el racismo

Las actitudes sobre la raza y el género juegan un papel importante

Como muchos expertos, Schaffner dice que una alineación política que clasifica al electorado a lo largo de esa línea divisoria es simultáneamente más estable y más conflictiva. «Debido a que la política de identidad se ha superpuesto tan claramente con la política partidista, hace que esas divisiones sean aún más acaloradas e intransigentes», dijo.

«Es mucho más fácil comprometerse con cuál debería ser la tasa impositiva marginal, o cuál es una fecha razonable para las emisiones netas de carbono cero, pero la gente en general no quiere comprometerse en cuestiones relacionadas con la cantidad de trabajo que debe hacer. Esto para asegúrese de que las minorías raciales o las mujeres sean tratadas por igual. La gente se compromete mucho menos con esos puntos de vista, por lo que una vez que la política de los partidos se concentra en eso, las coaliciones se vuelven mucho más estables».

Con Trump basando gran parte de su campaña en la acusación de que una victoria de Biden desencadenaría multitudes de manifestantes en los suburbios, y en el proceso apelando tan abiertamente a los resentimientos raciales blancos, Schaffner dice que es muy probable que las actitudes sobre las relaciones raciales y los roles de género predecirá el apoyo en la contienda presidencial de manera aún más poderosa en 2020 que en 2016. Ya, en una encuesta reciente de la no partidista Pew Research Foundation se encontró que la brecha en las actitudes sobre el cambio demográfico y social es aún mayor entre los votantes que respaldan a Trump y Biden que lo fue entre partidarios de Trump y Clinton en 2016.

En una encuesta publicada la semana pasada, Pew preguntó a los votantes si los blancos tienen ventajas en la sociedad que los negros no. La encuesta encontró que la proporción de votantes demócratas y todos los votantes registrados que están de acuerdo ha aumentado desde 2016 (a 9 de cada 10 de los primeros y casi a 6 de cada 10 de los últimos), pero las tres cuartas partes de los partidarios de Trump aún rechazan esa idea, un poco más que en 2016.

Más diferencias partidistas

De manera similar, 4 de cada 5 votantes demócratas y el 55% de todos los votantes registrados dicen que las mujeres aún enfrentan obstáculos para salir adelante. Mientras que casi tres cuartas partes de los partidarios de Trump también rechazan esa idea. También un poco más que hace cuatro años. La proporción de partidarios de Trump que dicen que el creciente número de inmigrantes «amenazan costumbres y valores tradicionales estadounidenses» ha disminuido desde 2016. Pero todavía dos tercios de ellos expresan esa opinión. Eso se compara con solo 1 de cada 7 votantes demócratas y menos de 2 de cada 5 votantes registrados en general.

Más detalles sobre los resultados proporcionados a CNN subrayan cuán poderosamente las actitudes sobre tales preguntas ahora impulsan la lealtad a las dos partes. Incluso entre los votantes del mismo grupo demográfico, descubrió Pew, hay una enorme brecha entre quienes apoyan a Biden y quienes apoyan a Trump.

3/4 partes de blancos con educación universitaria que respaldan a Biden dicen que es «mucho más difícil» ser negro que blanco en EE.UU.. Menos de 1 de cada 12 blancos con educación universitaria que respaldan a Trump están de acuerdo. Aproximadamente 4/5 partes de blancos universitarios y no universitarios que respaldan a Biden están de acuerdo en que las mujeres enfrentan obstáculos para salir adelante. Solo una cuarta parte de los blancos comparables que respaldan a Trump están de acuerdo. Casi tres quintas partes de las mujeres que respaldan a Trump dicen que los obstáculos que inhiben a las mujeres «ahora han desaparecido en gran medida»; menos de una séptima parte de las mujeres que apoyan a Biden están de acuerdo.

En otra encuesta nacional reciente, el Instituto de Investigación de Religión Pública no partidista también encontró que, si bien los demócratas son mucho más propensos que en 2015 a ver disparos policiales contra hombres negros desarmados como parte de un patrón, alrededor de cuatro quintas partes de los republicanos todavía describen tales tiroteos como hechos aislados, ampliando sustancialmente la brecha entre las partes. En esa encuesta, los republicanos eran un poco más propensos que en 2015 a describir los monumentos confederados como un símbolo del orgullo sureño y no de racismo. Por otra parte, los demócratas se han movido drásticamente en la dirección opuesta.

Todos estos resultados subrayan cómo Trump ha intensificado el proceso de reconfigurar los partidos más en líneas culturales y raciales que económicas. Eso le proporcionó un control aparentemente inquebrantable sobre los grupos más alienados de los cambios demográficos y culturales que están rehaciendo Estados Unidos: blancos que no tienen títulos universitarios, que viven en áreas rurales o que se identifican como cristianos, particularmente cristianos evangélicos.

Pero simultáneamente condenan a Trump y su partido a enormes déficits entre los jóvenes y las personas de color, así como entre los votantes blancos que tienen al menos cuatro años de títulos universitarios. Con muchos de esos blancos bien educados retrocediendo ante la definición de Trump del Partido Republicano, las encuestas lo muestran encaminado hacia el mayor déficit en la historia de las encuestas para un candidato republicano entre ellos.

Las coaliciones partidistas para las elecciones de 2020

Pero dado todo lo que sucedió, desde el juicio político hasta la pandemia, es sorprendente que los patrones demográficos y geográficos de apoyo a Biden y Trump sean similares a años anteriores. Si Biden mantiene su liderazgo nacional, los demócratas ganarán el voto popular en noviembre por séptima vez en las últimas ocho elecciones presidenciales. Esto es algo que ningún partido ha hecho desde la formación del sistema de partidos moderno en 1828. Eso subraya la realidad que los grupos atraídos hacia los demócratas en este recurso cultural del electorado —lo que he llamado la «coalición de transformación»— son claramente más grandes en este punto que la «coalición de restauración» en competencia alineada con el Partido Republicano.

Eso no garantiza que la coalición demócrata controle sistemáticamente el gobierno federal, porque el Colegio Electoral y la regla de dos senadores por estado magnifican la influencia de los blancos más atraídos por el Partido Republicano. Pero aun así, Robert P. Jones, fundador y director ejecutivo del Public Religion Research Institute, dice que los distritos electorales blancos más hostiles al cambio demográfico y cultural probablemente se volverán más amargados a lo largo de la década de 2020. Esto mientras aumenta la evidencia de que ya no constituyen la mayoría de la nación. Solo desde 2008, señala, los cristianos blancos han caído de aproximadamente un 54% a un 44% de la población; ese declive, él cree, será mucho más tangible para ellos si Trump pierde en noviembre.

«Esta base cristiana blanca se ha reducido y se ha vuelto más estridente al mismo tiempo: creo que esas dos cosas están relacionadas», dice Jones, autor del reciente libro «White Too Long», una historia de iglesias cristianas y prejuicios raciales.

Las implacables balas retóricas de Trump contra inmigrantes, «turbas» y líderes negros están bajo asedio. Esto enciende una ansiedad profundamente arraigada entre los votantes cristianos blancos conservadores, señala Jones.

«Particularmente los cristianos blancos realmente pensaban que eran el país», dice. «Así que si te lo tomas muy en serio, [como] algo en lo que creían hasta el fondo de su ser, lo que queda muy claro es que eso no es cierto. Pero esa es una pieza fundamental de su autocomprensión. Pero esa es clave fundacional de su autoentendimiento. Defender con uñas y dientes algo que realmente va a socavar su identidad básica no es demasiado sorprendente. Es muy profundo».

Está claro a partir de las protestas sin precedentes que siguieron a la muerte de George Floyd en Minneapolis a fines de mayo que muchos estadounidenses jóvenes, especialmente, pero no exclusivamente, la cohorte de jóvenes de color se sienten cada vez más impacientes por lograr una mayor equidad racial (y de género).

Trump ha exacerbado deliberadamente las divisiones de Estados Unidos, pero incluso si pierde las elecciones, esas visiones contrastantes de la identidad nacional seguirán en curso de colisión. De esa manera, la estabilidad de este año anticipa la volatilidad que se avecina.

El Partido Demócrata ahora se identifica con menos reservas que hace 10 o 20 años, y Trump está marcando claramente al Partido Republicano en oposición a todos ellos, la guerra de trincheras entre estas coaliciones rivales en la carrera de 2020 probablemente solo muestra una vista previa de la lucha que se avecina durante la década de 2020.

Por eso el pastor no está solo cuando predice sombríamente: «Realmente nos estamos preparando para una guerra cultural muy profunda que se avecina».

CNN

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